lunes, 25 de enero de 2010

UNA VIDA ERRANTE



Tras leer Un Zoo en Invierno y con un fin de semana por medio, me he animado con Una Vida Errante. Este manga comparte con el de Taniguchi el hecho de tratar elementos autobiográficos de un mangaka pero difiere en objetivos, en forma de abordaje y en factura gráfica, por lo que aunque la comparación es inevitable, debemos dejar claro que no son ni pretenden ser parecidas.
El trazo tosco de Tatsumi palidece ante el virtuosismo gráfico de Taniguchi (primer ejercicio mental: dejar atrás el excelente regusto estético de la obra anterior) y ya desde sus primeras páginas, observamos que la voluntad didáctica y testimonial se anteponen a cualquier otra consideración. Dos páginas de imágenes con grandes textos de apoyo sitúan el inicio de la historia en la dura postguerra que sufrió el Japón derrotado tras la Segunda Guerra Mundial.
Tatsumi irá introduciendo regularmente imágenes y textos de apoyo que contextualizan lo narrado. Si para un japonés resulta útil esa información, para un occidental es vital, ya que nos ayuda a entender la enorme evolución cultural sufrida por la sociedad japonesa de la postguerra.
La vida de Tatsumi desde su infancia, su entorno familiar y su temprana vocación nos son mostradas de un modo a la vez crudo y distante. Es algo típicamente oriental ( o a mí me lo parece) que resulta en ocasiones chocante. Su madre y su padre mantienen una relación más que distante. Su hermano, enfermo de tuberculosis, tiene accesos de ira provocados por la envidia que le produce el éxito de Yoshihiro. Todo ello no es obstáculo para que cuando la situación económica familiar mejora, el matrimonio mejore su relación o para que el hermano enfermo, una vez curado, se transforme en el mayor aliado de un joven e inseguro Tatsumi. Uno se pregunta para qué incluir en la historia episodios que no definen a dichos personajes y la respuesta es más sencilla de lo que parece: porque es la verdad tal y como la percibía el autor.
El dedicar a la etapa pre-profesional del autor 200 de las 800 páginas parece desproporcionado pero tiene fácil explicación si tenemos en cuenta que la obra se vio abocada a un cierre precipitado y no deseado por el autor. De hecho, la historia sólo llega hasta 1960, quedando unos 40 años de biografía aun por cubrir.

La obra cubre el periodo que va desde la postguerra mundial hasta 1960 y en ese periodo se dieron algunos de los cambios más importantes y duraderos en la industria del manga. Tatsumi, aun sin focalizar la historia tanto en la evolución del medio como en su propio camino artístico, nos ofrece gran cantidad de detalles ( tiradas, precios, plazos de entrega, formatos...) de valor incalculable para cualquier lector mínimamente interesado en la historia del manga.

Formalmente la obra presenta algunas características como son la caricatura y la hipergestualidad que lo emparentan con su admirado Tezuka mientras que su ágil composición de página, carente de líneas cinéticas o espectaculares escenas de acción lo alejan de estéticas más animé.

El resultado es una obra de lectura amena y fluida, con algún exceso en los textos de apoyo y diálogos (innecesariamente reiterativos) y profúndamente didáctica que lamentablemente es cerrada de un modo abrupto. No es tanto que el final esté mal trenzado o escatime información, como el hecho de que la obra tiene vocación de recorrido vital y no hay ninguna razón para que se detenga allí.

Resumiendo, una obra de gran valor tanto por cómo esta narrada como por lo que cuenta y cuyas 800 páginas se hacen sorprendentemente amenas pese a la cantidad de información expuesta.

No es una obra perfecta ( ni creo que lo pretenda) pero sin duda es imprescindible para cualquiera que esté interesado no ya en la historia del manga sino simplemente en la cultura japonesa.

La releeré y eso es un lujo que sólo me permito con muy contadas obras.

1 comentario:

Sandra dijo...

Qué curioso Koldo. Después de leer Un Zoo en Invierno, me metí de lleno también en Una Vida Errante, que me enganchó desde la primera viñeta. Estoy de acuerdo contigo en lo que dices y que se echa de menos el resto de la historia. Ya el autor habla del cambio del prólogo por el epílogo, la escena del homenaje a Tezuka, que como final -aún inesperado- salva bien los muebles. Este cómic me convenció para comprarlo Mikel Bao, de Joker, a quien desde aquí aprovecho para darle las gracias.